jueves, 14 de febrero de 2013

¡Primer aniversario de Ecuador Hispano!

En un día como hoy, hace un año, nació este blog con el firme propósito de rescatar el acervo hispánico como parte esencial de la identidad plurinacional del Ecuador. Hoy, un año después, vemos las visitas crecer y esperamos que cada entrada en el blog sirva a nuestro propósito. Aun falta mucho por publicar, por discutir, por crear... y esperamos que más personas vayan sumando a este proyecto.
El haberlo creado en un día como hoy, no es una casualidad, ya que es el aniversario del otorgamiento del título de "Muy Noble y Muy Leal" a la ciudad de Quito, otorgado por el emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, rey Carlos I de España. Así que amigos, hoy, festejemos a Quito, recordando esta fecha, parte de nuestra identidad. Y regalemos un geranio, la flor de Quito, esa flor que, traída desde España, se adaptó magníficamente a estas tierras, bella metáfora de la España que enraizó en América.


Y para finalizar, les dejo el texto y una foto de la conferencia que, con motivo del 457 aniversario de tan insigne fecha, leí el día 7 del presente mes en el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica - IECH. Para ver el texto de las otras dos conferencias ofrecidas durante ese acto académico, por mis amigos y colegas Francisco Núñez y Álvaro Mejía, además de fotos adicionales, les recomiendo visitar el blog del Instituto:
http://institutoecuatorianodeculturahispanica.wordpress.com/
¡Feliz día, quiteños y quitenses!



Quito, la Muy Noble y Muy Leal: expresión y significado en el contexto de la Monarquía Hispánica

Expositor: Eduardo Daniel Crespo Cuesta.
Institución: Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica / Universidad de Los Hemisferios.
Fecha: 7 de febrero de 2013.
Tiempo: 15 minutos.
Soporte audiovisual: No.

Muy buenas noches con todos. Es para mí un honor, al igual que para mis compañeros aquí presentes, exponer ante tan digno auditorio y con la venia del Presidente del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, Maestro Hernán Tamayo, algunas reflexiones acerca del 457 aniversario del otorgamiento del título de “Muy Noble y Muy Leal” a la ciudad de San Francisco de Quito.
Es menester empezar por decir que, desde el momento de su fundación española, y a lo largo del siglo XVI, Quito alcanzará una posición destacada dentro del marco universal del Imperio español, propiamente, la llamada Monarquía Hispánica. Fue fundada como villa, mediante acta el 28 de agosto de 1534, por el Adelantado Diego de Almagro, y su primer Cabildo se instaló el 6 de diciembre del mismo año, en su lugar de asentamiento definitivo, por parte del Capitán Sebastián de Benalcázar, cuya imagen preside esta corrala en la cual hoy nos encontramos.
204 españoles fueron sus primeros vecinos, y con el Cabildo se instaura la primera institución de origen occidental hispano en estas tierras. La villa creció con rapidez, y para 1541 el rey Carlos I de España, a su vez emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, el monarca más poderoso del siglo XVI, le concedió el título de ciudad y los privilegios propios a dicho rango, mediante Real Cédula. De igual manera, se concedió en la misma fecha Escudo de Armas a la ciudad, a petición de su procurador, Pedro de Valverde, blasón que luce orgullosa como símbolo identitario hasta el día de hoy.
La floreciente ciudad se vio envuelta, poco tiempo después, en los terribles enfrentamientos provocados por la rebelión de Gonzalo Pizarro, quien de esta manera rechazó la aplicación de las Leyes Nuevas de 1542, que en su espíritu de protección a los indígenas, limitaban severamente el poder de los encomenderos. La llamada Guerra de Quito marcó un punto de no retorno para los rebeldes pizarristas: en las afueras de la ciudad, al norte de la misma, se enfrentaron en la batalla de Iñaquito o Añaquito, el 18 de enero de 1546, las fuerzas rebeldes de Gonzalo Pizarro con las del virrey Blasco Núñez Vela. Los leales al rey sufrieron terribles bajas, muriendo alrededor de 300 hombres de un total de 400; el Capitán Benalcázar también se contó entre los heridos del bando real. El virrey, herido de muerte, fue decapitado en el mismo campo de batalla, y su cabeza, clavada en una pica, fue expuesta en la plaza mayor de la ciudad. Tal acción fue rechazada de manera general por los quiteños, y los restos del desgraciado virrey, cabeza y cuerpo, fueron reunidos y se les dio sepultura en la iglesia mayor, antecesora de la actual catedral, para ser posteriormente trasladados a Ávila, España, su lugar de nacimiento. Así terminó la vida del primer virrey del Perú, en cruenta batalla peleada en estas tierras, conflagración hoy casi olvidada de nuestra historia.
Gonzalo Pizarro fue finalmente derrotado en la batalla de Jaquijahuana, dos años después, por el Pacificador Pedro de la Gasca. Muerto el rebelde, hubo tiempo para honrar y agradecer a quienes supieron mantener la lealtad al rey. Así, mediante Real Cédula del 14 de febrero de 1556, en uno de sus últimos actos como gobernante, Su Cesárea y Católica Majestad, el emperador Carlos V, a petición de Francisco Bernaldo de Quiros, concedió a la ciudad de San Francisco de Quito el título de Muy Noble y Muy Leal, digno reconocimiento a los esfuerzos y lealtad de los quiteños durante las Guerras Civiles que asolaron al Virreinato del Perú.
Dice la Real Cédula:
Por cuanto, Francisco Bernaldo de Quiros, en nombre de la Ciudad de San Francisco del Quito de las provincias del Perú nos ha hecho relación que bien sabiamos [sic] y nos eran notorios los muchos y grandes y leales servicios que dicha ciudad nos había siempre hecho y hacia, [sic] á cuya causa los vecinos y moradores de ella están muy necesitados por nos haber servido en todas las alteraciones que en las dichas provincias había habido más aventajosamente que ninguna de las Ciudades de las dichas provincias, y me suplicó en el dicho nombre que porque de los servicios de la dicha Ciudad quedase perpetua memoria, pues que nos teníamos por servidos de su lealtad y limpieza diesemos [sic] á la dicha Ciudad título y nombre de Muy Noble y Muy Leal. (Traversari, 2007).
Menciona al respecto Federico González Suárez, en su Historia General de la República del Ecuador:
En 1556, después de pacificado el Perú por La Gasca, el mismo Emperador honró á la ciudad de Quito, condecorándola con los títulos de muy noble y muy leal: concedióle además estandarte real, con autorización para que lo sacase en público cualquiera de los miembros del Cabildo, el día que el mismo Cabildo eligiese. El Cabildo eligió el día de la Pascua del Espíritu Santo, en memoria de ser ése el día del aniversario del pronunciamiento que hizo Quito, alzando bandera por el Rey contra Gonzalo Pizarro. (González Suárez, 1969, pág. 1261).
En un tono más festivo, y también nostálgico, Pedro Pablo Traversari indica que:
El pueblo de Quito, en gran regocijo y estimulado por el reconocimiento que se hacía a sus virtudes, celebraron [sic] entonces tan fausto acontecimiento paseando por toda la Ciudad las Insignias Reales con el estandarte donde se ostentaba el Escudo de Armas y el Emblema concedido.
De la fiesta que tuvo lugar con este motivo, ha quedado sólo un tradicional recuerdo. (Traversari, 2007).
La fecha elegida por el Cabildo, Pascua del Espíritu Santo, o Pentecostés, es una fecha móvil del calendario litúrgico, celebrada entre mayo y junio. ¿Qué ha quedado de tal concesión y la celebración popular consiguiente? ¿Qué ha pasado con el tradicional recuerdo mencionado por Traversari, hoy relegado en el olvido? Más allá del reconocimiento, y su olvido de la memoria histórica de la ciudad (que dicho sea de paso, fue tibiamente recuperado en la administración de Paco Moncayo), esto permite reflexionar sobre el papel que tempranamente iba a tener la ciudad de Quito en el contexto del naciente Imperio español, y su grado de integración y consolidación dentro de la estructura política, social y cultural del mismo.
En función de lo anterior, es menester recordar que en 1545 se creó la diócesis de Quito, aunque su primer obispo, el bachiller García Díaz Arias, tomó posesión de su cargo unos años después; y que para 1563 se creó la Real Audiencia, haciendo de la joven ciudad, con menos de 30 años de fundación, la cabeza de la misma. De villa a ciudad, ennoblecida con blasón y lema, capital de Real Audiencia. ¿Qué  se puede colegir de todo esto? El cronista de Indias Pedro Cieza de León, que recorrió gran parte de la Sudamérica española a mediados del siglo XVI y dejó una extensa obra, prolija en detalles, la enorme y vital Crónica del Perú, indica al finalizar su descripción de la ciudad de Quito que
Detenido me he en contar las particularidades de Quito más de lo que suelo en las ciudades de que tengo escrito en lo de atrás, y esto ha sido porque (como algunas veces he dicho) esta ciudad es la primera población del Perú por aquella parte, y por ser siempre muy estimada, y ahora en este tiempo todavía es de lo bueno del Perú. (Cieza de León, 1988, pág. 111).
Títulos y concesiones, su capitalidad jurídica y eclesial en el norte del virreinato del Perú, evidencian la importancia que adquirió la ciudad en el marco administrativo imperial español y la relación fundamental entre poblar y conquistar que será característica de la expansión española en América. Para 1580, se habían fundado 225 villas y ciudades, que albergaban una población española de 150.000 personas[i], según señala Nicolás Sánchez-Albornoz.
Como menciono en mi trabajo Continuidades medievales en la conquista de América,
La explosión urbanística va de la mano con el descubrimiento y la conquista, en perfecta concordancia con la mentalidad medieval española de la época: los conquistadores son pobladores, y si previamente Reconquista y repoblación habían sido dos caras de un mismo proceso, ahora las Indias ofrecían un nuevo escenario para la continuidad de este modelo de asentamiento. Como expresó el cronista López de Gómara, «quien no poblare, no hará buena conquista, y no conquistando la tierra, no se convertirá la gente: así que la máxima del conquistador ha de ser poblar».[ii]
[…]
La fundación de ciudades es, en este contexto, esencial para la recreación de la sociedad de origen en los territorios recién conquistados, y garantía de su ocupación permanente.
[…]
La relación entre conquistar y poblar es esencial para comprender un aspecto más de la mentalidad propia de los conquistadores: según ésta, ellos no crean colonias en el sentido que se suele dar al término actualmente, sino que intentan ampliar la realidad peninsular más allá de sus límites europeos, reflejándola en la medida de lo posible. Que su esfuerzo haya sido transformado por la geografía y los pueblos que fueron encontrados, y de manera particular según las circunstancias, es un hecho innegable, pero también lo es que los conquistadores y primeros pobladores se negaron a perder su condición jurídica en las nuevas tierras, a la vez que exigieron para sus construcciones territoriales la misma categoría que las peninsulares. Los conquistadores son pobladores, al igual que sus antecesores durante la Reconquista. (Crespo, 2010, págs. 128-130).
Poblar es, por lo tanto, fundamental para la consolidación de la conquista territorial y la consecuente evangelización de los indígenas; práctica sobre la que se sustentó la construcción del Imperio español en las Indias y que, como se ve, hunde sus raíces en exitosas concepciones medievales propias de la Reconquista española.
Pero poblar no puede limitarse a la fundación de villas y ciudades. Todas ellas son parte de un todo, del que se espera su funcionamiento conjunto y armonioso, mucho más significativo y profundo que la mera relación colonias – metrópoli: estas villas y ciudades son los centros de nuevos reinos, los reinos de Indias, sobre cuya base se crearán audiencias y gobernaciones, tal como lo señala la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias de 1680, en su Libro Quinto, Título Primero.[iii] En este mismo sentido, menciona Miguel Alonso Baquer, los conquistadores son, en esencia, fundadores de nuevos reinos;[iv] y esta diversidad de reinos y señoríos, presente tanto en América como en Europa, es la esencia del carácter universal de la Monarquía Hispánica, que la distingue radicalmente del resto de imperios europeos creados durante la Edad Moderna.
Qué mejor ejemplo de este singular espíritu que el mismo Escudo de Armas del emperador Carlos V, que conjuga bellamente, en su multiplicidad de cuarteles, este afán unificador, mas no uniformador, del ideal monárquico iniciado por sus abuelos, los Reyes Católicos.
Muchas páginas se han dedicado a este particular ser de la Monarquía Hispánica, a su intrínseca diversidad y anhelo universal, como atestiguan los trabajos de prestigiosos hispanistas como John H. Elliott, John Lynch o Hugh Thomas. Mas hoy, basta con decir que el ascenso y preeminencia de ciertas ciudades sobre otras, no solamente indica su importancia dentro del entramado imperial en todos los niveles. Son centros en torno a los cuales se constituyen los mencionados reinos de Indias, raíz de las entidades administrativas españolas y germen de los futuros Estados hispanoamericanos, cuyo origen, pues, antes que deberse al pasado prehispánico, se deriva del mencionado proceso de conquistar y poblar, proceso fundacional por excelencia.
Es por ello que la conmemoración de un aniversario, como el que el hoy nos ha reunido gratamente en esta casa, el 457 aniversario del otorgamiento del título de Muy Noble y Muy Leal a la ciudad de San Francisco de Quito, a cumplirse la semana que viene, no es solamente el recuerdo de un reconocimiento a la ciudad y sus vecinos, leales a su legítimo gobernante: es un hecho que debe verse en el contexto del ascenso de la ciudad como la cabeza norte del virreinato del Perú, capital audiencial y germen del futuro Ecuador.
El recuerdo de sus títulos y nobleza no es patrimonio exclusivo de los quiteños. Mediante esta concesión, Quito sumó a su escudo de armas un digno título, y así desde sus inicios se fue configurando no solo la identidad y sentir de sus vecinos, sino de todos los quitenses, blancos, mestizos e indígenas, antecesores de los ecuatorianos de hoy. Hoy no solo recordamos el otorgamiento de un título, hoy nos reconocemos en un aspecto más de nuestra identidad.
Muchas gracias.

Bibliografía

Alonso Baquer, M. (1992). Generación de la conquista. Madrid: Mapfre.
Cieza de León, P. (1988). La crónica del Perú. Lima: Peisa.
Crespo, E. D. (2010). Continuidades medievales en la conquista de América. Barañáin: Eunsa.
Elliott, J. H. (2006). Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492-1830. Madrid: Taurus.
González Suárez, F. (1969). Historia General de la República del Ecuador. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana.
León Pinelo, A. d., & Solórzano Pereira, J. d. (1681). Recopilación de leyes de los reynos de las Indias. (J. d. Paredes, Ed.) Recuperado el 6 de Enero de 2013, de http://www.congreso.gob.pe/ntley/LeyIndiaP.htm
López de Gómara, F. (1852). Primera parte de la historia general de las Indias (Vol. XXII). Madrid: Biblioteca de autores españoles.
Sánchez-Albornoz, N. (1984-1995). The population of colonial Spanish America. En Varios, & L. Bethell (Ed.), The Cambridge History of Latin America (Vol. II, pág. 18). Cambridge: Cambridge University Press.
Traversari, P. P. (2007). El Escudo de Armas y los Títulos de la ciudad de San Francisco del Quito. Estudio histórico (edición facsimiliar). Quito: Municipio del Distrito Metropolitano de Quito.




[i] Ver (Sánchez-Albornoz, 1984-1995, pág. 18). Citado por (Elliott, 2006, pág. 80).
[ii] Ver (López de Gómara, 1852, pág. 181). Citado por (Elliott, 2006, pág. 52).
[iii] El texto reza: “Para Mejor, y mas facil govierno de las Indias Occidentales están divididos aquellos Reynos, y Señorios en Provincias mayores, y menores, señalando las mayores, que incluyen otras muchas, por distritos á nuestras Audiencias Reales: proveyendo en las menores Governadores particulares, que por estar mas distantes de las Audiencias, las rijan, y goviernen en paz, y justicia. (León Pinelo & Solórzano Pereira, 1681).
[iv] Ver (Alonso Baquer, 1992, págs. 11-14).


martes, 5 de febrero de 2013

Evento cultural en el IECH por motivo del 457 aniversario del otorgamiento del título de "Muy Noble y Muy Leal" a la ciudad de Quito

El Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica - IECH, realizará este jueves 7 de febrero un ciclo de 3 conferencias con motivo del 457 aniversario del otorgamiento del título de "Muy Noble y Muy Leal" a la ciudad de San Francisco de Quito, por parte del emperador Carlos V. Se leerán 3 conferencias, a cargo de Eduardo Daniel Crespo Cuesta, Álvaro Renato Mejía Salazar y Francisco Núñez Del Arco Proaño, miembros del Instituto. ¡Esperamos contar con su presencia!


sábado, 26 de enero de 2013

¡Sangre nueva para el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica!

El día martes 22 de enero de 2013, fuimos incorporados como miembros del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica - IECH, un grupo de jóvenes investigadores, comprometidos con el rescate del acervo hispánico como parte esencial de la identidad ecuatoriana. Ellos somos:

- Andrée Aguilar, jurisconsulto, escritor, analista internacional.
- Rafael Bahamonde, investigador, escritor, difusor cultural.
- Daniel Crespo, catedrático universitario, historiador, escritor, internacionalista, investigador.
- Eduardo Crespo, arquitecto, investigador, experto en rescate patrimonial.
- David Egas, jurisconsulto, investigador histórico, dirigente universitario.
- Jaime Izurieta-Varea, urbanista, arquitecto, diseñador; experto en regeneración y planificación de áreas patrimoniales.
- Álvaro Mejía, docente universitario, jurista, historiador, escritor, experto en investigación documental.
- Francisco Núñez del Arco, historiador, escritor, investigador, poeta, promotor cultural.
- Carlos Trueba, lingüista, investigador histórico, músico, difusor cultural.


Con este acto, el IECH, fundado el 27 de septiembre de 1947, al calor del resurgimiento del ideal de la Hispanidad, que recorría todo el orbe hispano y se empezó a plasmar en España con la creación del Instituto de Cultura Hispánica (1945) y la Declaración de El Escorial (1946), renueva sus filas en una de sus horas más sombrías. Duros momentos vive el Ideal Hispano en nuestros días, no solo en el Ecuador, sino en todo el mundo. Ideales contrapuestos, intereses geopolíticos y económicos, relaciones asimétricas en un mundo globalizado, configuran un escenario que requiere de un esfuerzo singular, y excepcional, para el rescate de este ideal identitario, desde la península Ibérica hasta las Filipinas, siendo Hispanoamérica la llamada a ser el nuevo centro de gravedad de este espacio cultural, uno de los bastiones de la civilización Occidental, hoy confundida exclusivamente con lo anglosajón.


En la fotografía constan de izquierda a derecha, en la Casa de Benalcázar, sede del IECH: Fernando Rohn Bautista, miembro de la directiva; Sr. Lic. Dávila, Carlos Trueba Andrade, Rafael Bahamonde Cobo, Álvaro Mejía Salazar, Andrée Aguilar Romero, socios del IECH; Hernán Tamayo, Presidente; María Eugenia de Mora, Secretaria General; Francisco Núñez del Arco Proaño, David Egas Yerovi, Daniel Crespo Cuesta y Eduardo Crespo Guarderas, socios del IECH.

El enlace al perfil del IECH en facebook es: https://www.facebook.com/InstitutoEcuatorianoDeCulturaHispanica?fref=ts
Y en twitter: https://twitter.com/IECH_UIO

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Crónica de una negligencia anunciada

El día 6 de diciembre del presente año, el diario El Comercio publicó una infografía titulada "Con el caballo, la pólvora y la religión, España conquistó a la cultura Quitu, nuestros ancestros". La misma demostró ser tendenciosa, poco académica en el sentido de contrastar datos y fuentes (no basta con mencionar a dos personas si ambas son de la misma ideología) y muy ligera, diríase que superficial en el mejor de los casos.
Varios estudiosos de la historia, algunos académicos y otros aficionados, pero todos comprometidos con su estudio serio, decidimos poner un escrito de rectificación, educado pero firme, con argumentos, al casi pasquín publicado por dicho diario. Nuestra carta de rectificación fue remitida el 8 de diciembre, y entonces empezó una serie de llamadas telefónicas y correos electrónicos para saber qué fue de su suerte. Lo último que supimos, en virtud de los correos de una señorita llamada Jenny Martínez, fue que cayó en manos de un señor llamado Dimitri Barreto, quien iba a revisarla y consultar con otros historiadores sobre el contenido de nuestro texto. Me pregunto por qué no fueron tan cautos con la infografía, que a todas luces fue objeto de un análisis mucho más simplista y descuidado, si acaso lo hubo. Finalmente, el día 17 de diciembre le escribí por última vez a Jenny Martínez, pidiéndole que me indique si aun había interés en nuestro pedido de rectificación, dado que, cada día que pasa, dicho pedido pierde más y más sentido, porque ya nadie recordará la infografía que nos motivó a redactarlo. Y bueno, seguimos esperando una respuesta, que al parecer jamás llegará.
Dado que no nos han dado un espacio, ni han tenido la voluntad de rectificar su tendenciosa y direccionada infografía, que ahonda de forma desvergonzada en algunos lugares comunes, que por comunes no dejan de ser errados a la luz del estudio histórico, señores de El Comercio, permítanme decirles lo siguiente:
Leo su diario todos los días, de algo sirve. Y aunque rechazo la política gubernamental de acoso a la prensa privada, debo rendirme, al menos en este caso, a lo evidente: cuando no se trata de defender sus intereses corporativos, de gremio, de grupo; cuando sus intereses no están directamente afectados, no tienen NINGÚN empacho en plegar servilmente al discurso oficial, porque eso es lo que han hecho al darle espacio a la misma gente, Juan Paz y Miño y Felipe Ogaz, voceros de la visión oficialista de "descolonización cultural", de rechazo a todo aquello que no sea parte de su "nueva" visión de la historia, manoseada hasta encajar en los cánones de la "revolución" política (léase ideologización). Basta mencionar lo que han hecho con la figura de Eloy Alfaro. Apenas en ese caso, el más obvio, dieron la cara, para defender sus propios editoriales de hace 100 años. ¿Y las demás falsedades emitidas por este gobierno y sus voceros para desdibujar la historia a su antojo? Esas, caballeros, esas han callado o han plegado a ellas, porque simplemente, no se han sentido afectados. Y quienes nos dimos el tiempo para pedirles una rectificación, volvemos a hacerlo, aunque no les interese actuar. Ojalá tengan la decencia de hacerlo en algún momento.

Para quienes interese, este es el enlace a la infografía:
http://www.elcomercio.com/quito/Infografia-religion-Espana-conquisto-Quitu_ECMFIL20121206_0002.pdf

Finalmente, el texto de nuestro pedido:


"Quito, 8 de diciembre de 2012

Señores
Diario El Comercio
Ciudad.-
De nuestras consideraciones:
Por medio de la presente, los abajo firmantes, estudiosos de la Historia tanto desde el campo académico como aficionado, algunos dedicados a la docencia universitaria y autores de publicaciones investigativas, deseamos mostrar, con cortesía pero firmeza, nuestro rechazo a la infografía por ustedes publicada el día 6 del presente mes, en la página 2 de su diario, alusiva a la fundación española de la ciudad de San Francisco de Quito. En la misma, titulada “El legado de la conquista es el mestizaje”, se lee en una segunda línea, a modo de subtítulo: “Con el caballo, la pólvora y la religión, España conquistó a la cultura Quitu, nuestros ancestros”.
Dicho encabezado, hay que decirlo, es inexacto:
1)      Las fuerzas españolas doblegaron a la oposición inca y sus aliados, de ningún modo al general de la población de estas tierras. Como señalan  Galo Ramón Valarezo y Tamara Estupiñán Viteri, entre otros, gran parte de la población indígena comarcana de Quito apoyó a Belalcázar en contra de la presencia inca, representada en Rumiñahui. La población quitu, en todo caso, fue sometida décadas atrás por los conquistadores incas.
2)      No solo los quitus son los antepasados de los quiteños.  De acuerdo a la información presentada por Cristóbal Landázuri, Pablo Núñez, Juan Fernando Regalado y Luis Alberto Revelo en su obra “Sociedad y política en Quito” (Quito: FONSAL, 2010), para el año 1779 el 67.71% de la población de las parroquias urbanas de la ciudad de Quito era blanca, ya sea peninsular o en su mayoría criolla. La población indígena para ese mismo año era del 26.56%, y la población negra del 5.73%. Descartar este tipo de información incide en un aumento del desconocimiento de nuestras raíces, del hecho de que en esta ciudad la conquista no significó únicamente la violencia que, al parecer y de acuerdo a la infografía, sería lo más representativo de la huella española. Los vecinos españoles, numerosísimos como se acaba de señalar, son también parte de la herencia quiteña que compartimos todos.
3)      El uso de la religión en el encabezado se encuentra injustificado, ya que en el texto que sigue jamás vuelve a ser mencionada, lo que representa un uso inadecuado de un término a fin de captar la atención del lector, al cual de ninguna manera se le explica qué papel jugó la religión (la evangelización) en el proceso de conquista.
Dicho lo anterior, los abajo firmantes mucho les agradeceremos la publicación de esta y la rectificación pertinente. Es menester recordar la importancia e impacto de textos como el indicado y publicado por ustedes, ya que los mismos pueden incidir, como en este lamentable caso, negativamente en el reconocimiento de nuestro pasado y nuestras raíces. Si como señala la infografía, “el legado de la conquista es el mestizaje”, el Quito pluricultural e inclusivo tantas veces evocado en estos tiempos, merece un estudio más serio, profundo y desapasionado de nuestras herencias diversas.
Atentamente,
Eduardo Daniel Crespo Cuesta, MA
Eduardo Enrique Crespo Guarderas, Arquitecto
David Francisco Egas Yerovi
Alvaro R. Mejía Salazar, Mg
Francisco Núñez Proaño, Historiador"

sábado, 8 de diciembre de 2012

¡Qué viva Quito!

 6 de diciembre de 1534: se instala el primer Cabildo de la villa de San Francisco de Quito, por orden del Capitán Sebastián de Belalcázar. Fue fundada mediante acta meses atrás por el Adelantado Diego de Almagro, el 28 de agosto (Santiago de Quito fue fundada el 15 del mismo mes, por lo que no se deben confundir).

 
Instalado el cabildo, nace la ciudad: 204 españoles fueron sus primeros vecinos. Y c
on el cabildo se instaura la primera institución de origen occidental hispano en estas tierras, vigente hasta el día de hoy, cargada de mucha más historia que la que podrían representar esa caterba de infames que hoy han hecho del municipio su guarida.

¡Oh ciudad española en el Ande! Cuánto simbolismo en este escudo, Castilla en los Andes, los cerros de La Marca en la línea ecuatorial, el Águila Imperial, separada, protegiendo la Cruz... bellos recordatorios de lo que esta ciudad fue y puede ser, para el que quiera ver en ella ese anhelo simbólico por ser lo mejor de ambos mundos, el Occidente que llegó y la América que lo recibió. Unión difícil, bella y violenta; sangre, muerte y nacimiento, porque la historia es así.
¡Feliz cumpleaños a la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de San Francisco de Quito!



sábado, 3 de noviembre de 2012

Quiteños al servicio del Imperio Español: políticos y militares

Amigos, comparto con ustedes esta estupenda entrada, procedente del blog Coterraneus, de mi amigo Francisco Núñez del Arco. La dirección original es:

 http://coterraneus.wordpress.com/2011/09/19/quitenos-al-servicio-del-imperio-espanol-politicos-historia-secreta-de-america-16/#comment-538

Vale mucho la pena.

Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares.[1]

Lope Dí­ez de Armendáriz, quiteño (1575), Marqués de Cadreita o Cadereyta. Primer Virrey criollo de Nueva España. Fundador de la Armada de Barlovento que fue la primera institución naval creada en América, para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios.
“Los criollos, los descendientes directos de españoles, de sangre pura, pero modificados por el medio y por sus enlaces con los mestizos que se asimilaban, eran los verdaderos hijos de la tierra colonizada y constituían el nervio social… La raza criolla en la América del Sur, elástica, asimilable y asimiladora, era un vástago robusto del tronco de la raza civilizadora índico-europea a que está reservado el gobierno del mundo. Nuevo eslabón agregado a la cadena etnológica con su originalidad, sus tendencias nativas y su resorte moral propio, es una raza superior y progresiva a la que ha tocado desempeñar una misión en el gobierno humano…”
Bartolomé Mitre
Mito usual y extendido en la ideas y en la historiografía americana oficial y oficiosa es aquel que dice que los criollos durante la  mal llamada colonia, el Imperio, fueron excluidos de toda forma de poder político y de mando, especialmente de los cargos más altos como Virreyes, Presidentes de Audiencia, Capitanes Generales y Gobernadores. Cuando en realidad se cuenta literalmente por miles a criollos que participaron como parte de los gobiernos locales (Oidores, corregidores, regidores etc.) y muchos que desempeñaron las funciones de gobierno de mayor graduación y prestigio. También los criollos conservaban el poder económico del continente. Al respecto el historiador quiteño Carlos Espinosa Fernández de Córdoba nos dice:
“Entre los mitos más difundidos en torno a la colonia, está el que establece que la clase pudiente era exclusivamente española, es decir “gachupín”. Si así fuera, los únicos culpables de los abusos de la sociedad colonial habrían sido los funcionarios reales de paso por América. En realidad los criollos (blancos nacidos en América) constituían el verdadero grupo dominante de la sociedad colonial porque poseían los medios de producción. Eran dueños de las haciendas y los obrajes, también eran los principales beneficiarios de los mecanismos de pillaje como la mita, las mercedes de tierras y la encomienda. Si bien los funcionarios reales españoles ocupaban las posiciones de autoridad formal, el poder efectivo estaba en manos de los criollos. Después de la independencia, los criollos continuaron dominando los recursos económicos y asumieron el poder político, manteniendo un implacable colonialismo interno caracterizado por la subordinación y explotación de los indios y negros.”[2]
Además del poder político y económico, una variedad de criollos se destacaron en ámbitos religiosos (que implicaba poder de facto en una sociedad estructurada religiosamente como la hispana), culturales y científicos, en América y Europa. A continuación a manera de mini biografías expondré tan solo algunos casos representativos, demostrativos y contrastables de quiteños que ejercieron altos cargos de gobierno y poder político en época del Imperio Español.

Virreyes:

Fray Luis Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra (de la Orden de San Bernardo), noble quiteño que desempeñó destacadas posiciones en la España del siglo XVII. Nacido en Quito a fines del siglo XVI, fue el primer Virrey criollo de Cataluña, primer criollo Obispo de Jaca –Huesca en España- (1617-1622), primer criollo Obispo de Urgel (1626-1627), primer y único criollo y único sudamericano en ser  Copríncipe de Andorra (29°) del 9 de Agosto de 1622 – al 3 de Enero de1627, fecha de su muerte en Barcelona. Su padre fue Lope Díez de Aux de Armendáriz, 2° Presidente de la Real Audiencia de Quito, y su hermano mayor Lope, fue el I Marqués de Cadreita o Cadereyta y el primer Virrey criollo de Nueva España y fundador de la primera fuerza naval de América: La Armada de Barlovento, de quien trato a continuación.[3]
Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra[4], I Marqués de Cadreita (o Cadereyta), VI Señor de Cadreita, Caballero de Santiago, Gentilhombre de boca de Su Majestad, nació en la ciudad de Quito, actual Ecuador en 1575. Fue un noble y el primer criollo que llegó a ser Virrey de la Nueva España, cuyo cargo ejerció de desde el 16 de septiembre de 1635 hasta el 27 de agosto de 1640. Nacido en la Real Audiencia de Quito, Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra provenía de una familia noble radicada en la ciudad de Quito actual capital de la República del Ecuador, donde su padre ejerció el cargo de Presidente de la Real Audiencia. Realizó sus estudios en carrera naval. Ocupó cargos significativos y obtuvo también grados importantes como el de Comandante de las Escoltas que acompañaron a las flotas mercantes de España que llevaban las mercancías y riquezas de las colonias a la metrópoli, “General en propiedad de la Armada de la Guardia de Indias y de los galeones de la plata de Indias (alcanzando en 1633 la famosa victoria sobre los holandeses, echándoles del puerto y fortaleza de San Martín), y al fin Consejero de Guerra”[5]. Casado con Antonia de Sandoval y Rojas, III condesa de la Torre y VI Condesa de Puebla (consorte y viuda sin sucesión de este enlace) y pariente del poderoso Duque de Lerma, era gentilhombre y mayordomo del rey Felipe IV de Habsburgo. Primer Marqués de Cadreita o Cadereyta, desde 1617, llegó a ser miembro del Consejo de Guerra, como ya se señaló, y embajador ante el Sacro Imperio Romano Germánico y Roma.
Virrey de la Nueva España: El 19 de abril de 1635 el Rey Felipe IV le asignó el cargo de Virrey de la Nueva España (16°). La entrada formal a la Ciudad de México fue el 16 de septiembre de 1635 tomando cargo ese mismo día.
Defensor de la Hispanidad: Para proteger a los habitantes y colonos del Nuevo Reino de León (el actual territorio del estado mexicano de Nuevo León) de los ataques y saqueos provocados por las tribus indígenas de Apaches y Comanches, Lope Díez de Aux edificó un presidio y una fortificación en Cadereyta. También ordenó una expedición a las Californias.
Armada de Barlovento: Se destacó de manera especial este noble quiteño, por haber sido el fundador de la Armada de Barlovento, que fuera una institución militar creada por el Imperio Español para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios. Esta Armada fue la primera institución naval creada en América, por tanto Lope Díez Aux de Armendáriz y Saavedra es el precursor de todas las Fuerzas Navales del continente americano. De esta forma, este quiteño se erigió como el símbolo de la hispanidad tradicional en lucha y ataque contra el naciente capitalismo filibustero, de la “Pérfida Albión” o Inglaterra. Finalmente por extraños sucesos e influencias fue acusado de muchas irregularidades y defectos por sus enemigos, entre ellos el Obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza. Murió el 28 de agosto de 1640.
De los hermanos Díez de Aux de Armendáriz escribió Jorge Luna Yepes refiriéndose a los quiteños en época hispana: “También fueron políticos, intelectuales o eclesiásticos ilustres Lope Díez de Armendáriz, marqués de Cadereita, hombre de ciencia política y militar, que llega a ser embajador y consejero del rey y virrey de Nueva España; al par que su hermano, Fr. Luis López de Armendáriz, ocupa cargo semejante en Cataluña y el de arzobispo de Tarragona.”[6]

Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias:

Doctor José Antonio de la Rocha y Carranza[7], I Marqués de Villa Rocha[8], Vizconde de Villa Carranza y Caballero de la Orden de Calatrava; nació en Quito el 20 de junio de 1661. El Marqués de Villa Rocha estudió en la Universidad Santo Tomás de Aquino de Quito (la actual Universidad Central del Ecuador), recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia en el año de 1678, Capitán y Alcalde de las Mestas por el Estado Noble de Madrid.  En 1699, siendo General de Artillería, fue nombrado Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia y Cancillería Real de Tierrafirme o Panamá, cargo que desempeñó en dos ocasiones. “Cuando pasaba de los sesenta años, esto es, en 1726, decide hacer un viaje por el mundo; arma una expedición con sus recursos y realiza la atrevida hazaña, recorriendo Oceanía, Asia (Filipinas), África y Europa”.[9] El afamado padre Benito Feijoo[10] en su obra Teatro crítico lo calificó de “insigne matemático e instruido en toda la buena literatura”. Fue quien organizó la defensa de las Costas Orientales de América contra la invasión de los piratas holandeses.     
Doctor Fernando Félix Sánchez de Orellana y Rada[11], III Marqués de Solanda, Caballero de la Orden de Calatrava, nació en Latacunga (en la actual provincia de Cotopaxi en Ecuador) en 1723 mientras su padre desempeñaba el cargo de Corregidor de los asientos de Latacunga y Ambato. Fue hijo de Pedro Javier Sánchez de Orellana y Góngora II Marqués de Solanda, natural de Loja del Ecuador, y doña Francisca Rada. Realizó sus estudios de Humanidades, en el Seminario de San Luis; y los de Filosofía y Jurisprudencia Civil y Canónica, en el Convictorio de San Fernando; recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia Civil y Canónica. Fue Deán de la Catedral, Teniente de Corregidor y Justicia Mayor de Quito. Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito entre 1745 y 1753, uno de los más jóvenes en desempeñar dicho cargo al haberse posesionado del mismo con 22 años de edad.  “El primer quiteño que en tiempo de la colonia llegó a ocupar tan elevado cargo”[12] dentro del territorio de la Real Audiencia de Quito.[13]
Ignacio Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[14]. Caballero supernumerario de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, “Una de las figuras más notables del Alto Perú”[15]. “Latacungueño, se gradúa en Filosofía en Quito; es profesor de lenguas y de Matemáticas en el Colegio de Nobles de Madrid; en el Ejército llega a coronel; es gobernador de Moxos y de Charcas, domina una sublevación indígena en Bolivia con gran valor y muere en Buenos Aires, en 1786, cuando se defendía de lamentables acusaciones”[16]. Nació en Latacunga (Provincia del Cotopaxi) el 30 de julio de 1733. Hijo segundogénito del Coronel de las Milicias urbanas de Quito, Antonio Flores de Vergara, natural de Ambato (Provincia del Tungurahua), creado Marqués de Miraflores en 1746, confirmado en 1751, y de María Jiménez de Cárdenas, latacungueña. Hermano de Mariano Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[17], II Marqués de Miraflores y Caballero de la Orden de Carlos III con quien erróneamente suele confundírselo. Huérfano de madre de corta edad. Transcurrieron sus primeros años plácidamente en las haciendas de su padre donde aprendió el quichua; a los diez años viajó a Quito, fue matriculado en el Colegio Seminario de San Luis y se graduó de Maestro en Artes y Bachiller en Filosofía en 1748 en la Universidad de San Gregorio. Posteriormente emprendió viaje a España y estudió en el Colegio de Nobles de Madrid con singular aprovechamiento especializándose en matemáticas, materia que luego enseñó en dicho colegio. En 1755 recorrió las principales cortes de Europa y aprendió latín, inglés, francés e italiano. De regreso a España ingresó de Cadete al Regimiento de Caballería de Brabante; en 1772 fue Capitán de Voluntarios a Caballo bajo las órdenes del General Alejandro O’ Reilly y luchó contra los ingleses en el asalto a Gibraltar y en la invasión a la isla Menorca. Firmado el Tratado de paz en 1777 fue designado por sus conocimientos científicos y matemáticos, Gobernador de las Armas de la recién creada Provincia de Moxos, en los antiguos territorios de las Misiones Jesuitas del Paraguay, que estaban en abandono desde su expulsión. Entonces recibió instrucciones detalladas de cuidar dichas regiones para que no continuara la penetración portuguesa.
Pacificador: El 5 de junio del año siguiente prestó juramento ante la Audiencia de la Plata e inició su gobierno. En 1779 fue promovido al grado de Teniente Coronel de caballería y al estallar ese año la insurrección de Túpac Amaru, Cacique de Tungasuca, recibió desde Buenos Aires el título de “Pacificador militar” a tiempo que Túpac Amaru era ejecutado por orden del visitador Areche; en tales circunstancias, algunos de sus parientes indígenas se hicieron cargo de las fuerzas rebeldes y reiniciaron la lucha. Flores movilizó sus fuerzas en auxilio de las autoridades de La Plata, asediadas por miles de indios en son de guerra. El combate se dio en “La Punilla” donde se produjo una contundente victoria de los realistas que recuperaron la ciudad. Reiniciadas las operaciones Flores avanzó a La Paz con solo 600 hombres y consiguió derrotar a las fuerzas del Cacique Julián Apasa, Túpac Catari, que se retiraron a los montes. Flores ocupó el cerro denominado “El Alto” único acceso por donde se abastecía esa urbe y dejando una guarnición al mando del Comandante José de Reseguín, se dirigió a pacificar las otras provincias levantadas y recobró la villa de Oruro, también cercada. Entonces le llegó el ascenso a Coronel.
Presidente: En 1782 fue elevado a la dignidad de Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Charcas, con capital en La Plata o Chuquisaca, siendo homenajeado en la Universidad de San Francisco Xavier con una “Oración Panegírica” pronunciada por el Catedrático de Vísperas, Dr. Juan José de Segovia. Flores inició su gobierno restituyendo a los últimos sublevados a la obediencia, pues “en su arte de hacer la guerra entraba más la reflexión que el atrevimiento y el deseo de pacificar más que el de destruir.” A los indios hablaba en quechua y sin maltratarlos, respetando a los rebeldes que se acogían a su generoso indulto. En 1785 terminó su periodo, y fue llamado a Buenos Aires, donde falleció en agosto de 1786. Como administrador no descuidó los ramos administrativos y hacendario, así como el desarrollo del comercio y la agricultura. Quiso dotar a su Audiencia de caminos al mar para terminar con su aislamiento. [18]
Julio Tobar Donoso pudo decir de él en su obra Las Instituciones del Período Hispánico, especialmente en la Presidencia de Quito: “El Marquesado de Miraflores, en su época inicial o sea cuando el titular llevó el apellido Flores, tuvo el orgullo de contar entre sus miembros a don Ignacio Flores, Presidente de Charcas. Prestó este quiteño relevantes servicios a la Causa de España, en época difícil de levantamientos y borrascas; servicios que no fueron debidamente recompensados. A la par de su civismo brilló por la ciencia.”

Gobernadores:

Nicolás Felipe Guillermo de Ontañón y Lastra, Romo de Córdova-Pérez Castellanos[19], I Conde de las Lagunas, Caballero de Santiago, nació en Quito el 10 de febrero de 1690, fue General de Caballería del Batallón de la ciudad de San Francisco de Quito, y Gobernador de Popayán (actual Colombia).
Ramón Joaquín Maldonado[20] (hermano del sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado), I Marqués de Lises y Vizconde de Tilipulo, con Grandeza Honoraria por  Felipe V, nació en la villa de Riobamba, en la actual provincia ecuatoriana del Chimborazo, el 20 de febrero de 1700. Entre los cargos y posiciones militares menores que desempeñó constan: Capitán de Caballos de Corazas de sus ciudad natal, Guardia de Honor del Virrey del Perú Conde de la Cueva, Teniente General y Justicia Mayor de Latacunga, Corregidor de Latacunga, Regidor perpetuo y Corregidor de la ciudad de Quito, etc. Fue Gobernador de Esmeraldas (actual provincia de Esmeraldas en Ecuador), como su hermano Pedro Vicente y por poder de este siendo su titular; cooperando con sus hermanos en la catequización y construcción de iglesias en esa provincia, así como en la terminación del camino a Esmeraldas. También se desempeñó como industrial, siendo propietario del Molino de Pólvora de Latacunga, conocido mundialmente en aquel entonces y cuya calidad de pólvora tanto admiró a Humboldt.
Antonio de Alcedo y Bejarano[21] [22],  nació en Quito  el 14 de marzo de 1736. Cuarto hijo de Dionisio de Alcedo y Herrera, natural de Madrid, Caballero de Santiago, Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito y de Maria Lucía de Bejarano y Saavedra, natural de Sevilla. Se destacó como militar y escritor; su obra fundamental es el Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América, en cinco volúmenes que fue de inmediato traducido al inglés (London, James Carpenter, 1812-1815). Sin duda, la base del Diccionario, fuera de sus cuarenta años de viajes y observaciones por gran parte de América, fueron las noticias y papeles que le facilitó su padre; “conjunto formidable de Historia y Geografía, seguido de otro biográfico y bibliográfico, y finalmente de una complemento práctico con el Diccionario del Comercio, industria y agricultura.” Esta obra le llevó 20 años, lo que no le impidió cultivar las matemáticas, intervenir en el segundo sitio de Gibraltar y ocupar cargos políticos y militares. Estos méritos le valieron ser elegido miembro de la Real Academia de la Historia en 1787.  Éste estuvo sus 17 primeros años en las Indias Occidentales y sólo en 1752 viajó a España para ingresar en la Guardia Real con el grado de Alférez. Desde entonces siguió la carrera militar. En 1779 se halló siendo primer Teniente de Granaderos en el bloqueo y sitio de la plaza de Gibraltar, desde el principio hasta el fin, cuatro años después, que se firmó la paz, fue ascendido a Capitán y luego a Coronel. Alcanzó los grados de Brigadier en 1792,  Gobernador Militar de Alcira y luego en 1800 fue promovido a Mariscal de Campo y en 1802 a Gobernador de la Coruña en el Reino de Galicia (España), donde se encontraba al producirse la invasión napoleónica, resistiendo con valor el asedio y el sitio de las tropas francesas, es considerado héroe de la guerra de la Independencia española. “El 24 de Junio de 1812 presentó y leyó en la Academia su Memoria para la continuación de las ‘Décadas de Herrera’ conteniendo varios capítulos: 1) ‘Estudio preliminar’ en el que se trata del Intento de Muñoz , los trabajos de Alcedo: el Diccionario Geográfico y la Biblioteca Americana, 2) ‘Las Memorias’ que contiene Colecciones de Historia y Relaciones de Indias, Colección de Viajes, Autores que han escrito Historias Generales de Indias, autores del Virreinato de Nueva España, autores del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, autores del Virreinato de Buenos Aires y del reino de Chile, Historia del Brasil, y autores que han escrito de la historia natural de las Américas.” Murió ese mismo año de 1812.
Dos Virreyes; tres Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias y tres Gobernadores de Provincia quiteños del vasto y multisecular Imperio Español, solo a manera de muestra.
Por Francisco Núñez Proaño.

[1] Entiéndase que al referirme a “quiteños” abarco a todos los habitantes del actual territorio de la República del Ecuador, de la entonces Real Audiencia de Quito y del conocido Reino de Quito-del denominado Departamento del Sur de la Gran Colombia-. Si bien la Audiencia y finalmente Capitanía General de Quito –Sede virreinal de facto con Mourgeon- abarcaba regiones del actual norte del Perú y el actual sur de Colombia, he preferido en este artículo solo tratar de lo referente al actual territorio del Ecuador.
[2] Espinosa Fernández de Córdoba, Carlos,  Historia del Ecuador en contexto regional y global, Ed. Lexus, Barcelona – España, 2010, pp. 300 y 301.
[3] Guzmán, José Alejandro, Títulos nobiliarios en el Ecuador, Madrid – España, 1957, pp. 27 y 28.
[4] Ibídem
[5] Ibídem.
[6] Luna Yepes, Jorge, Síntesis histórica y geográfica del Ecuador, 2da edición, Madrid – España,  Ed. De Cultura Hispánica, 1951.
[7] Guzmán, José Alejandro, Ob. Cit., pp. 69 y sigs.
[8] El título de Marqués de Villa Rocha había sido concedido por Felipe II, según Real Cédula del año 1564, a su tercer abuelo paterno don Antonio Andrés Girandia de la Rocha, Caballero de Santiago, Alférez, Capitán, Maestre de Campo en los Ejércitos de Flandes e Italia, y en la Real Armada (más de cuarenta años), quien había combatido en la batalla de Lepanto; que no lo ostentó por no poder hacer constar tuviera cierta renta, precisa condición en el título.
[9] Luna Yepes, Jorge, Ob. Cit.
[10] Benito Jerónimo Feijoo, OSB, 1676-1764. Feijoo es quizá el más grande filósofo de lengua española del siglo XVIII. El Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas lograron una difusión insospechada, en España y en América, y fue ya traducido entonces parcialmente al francés, italiano, inglés y alemán.
[11] Guzmán, Ob. Cit.
[12] Avilés Pino, Efrén, Enciclopedia del Ecuador,  Academia Nacional de Historia, Quito, Ecuador.
[13] Suele criticarse que este haya sido el único quiteño Presidente de Quito durante la colonia, desconociendo (o no) que era política y costumbre de la Monarquía que los funcionarios reales nunca debían ser naturales de los sitios que gobernaban, a fin de evitar el nepotismo y la corrupción relacionada a este hecho de filiación y relación con la tierra propia o la patria chica.
[14] Pérez Pimentel, Rodolfo, Diccionario Biográfico del Ecuador.
[15] Efrén Reyes, Óscar, Historia del Ecuador.
[16] Luna Yepes, Ob. Cit.
[17] Coronel de Caballería del regimiento de Dragones de la ciudad de Quito desde 1785.
[18] Cuando Rafael Correa, actual Presidente de la República del Ecuador, visitó Bolivia, se le entregó como regalo por parte del alcalde de Sucre, si mal no recuerdo, un retrato de IGNACIO FLORES DE VERGARA Y JIMENEZ,  quien fuera Presidente de la Real Audiencia de Charcas (Bolivia) desde 1782, como símbolo de amistad entre las dos naciones. Lo que no se, es que si el alcalde y el presidente conocían que este distinguido e ilustre quiteño (del Reino de Quito) al servicio del Imperio Español fue quien reprimió a sangre y fuego el levantamiento de Túpac Catari a quien finalmente derrotó y fue posteriormente ejecutado. Catari junto a Túpac Amaru son actualmente reivindicados por el socialismo del siglo XXI y los movimientos indigenistas como los mayores símbolos de resistencia indígena antihispana. ¿Ironía?
[19] Guzmán, pp. 78.
[20] Ibídem, pp. 34 y sigs.
[21] Luna Yepes, Ob. Cit.
[22] Pérez Pimentel, Ob. Cit.